Vista desde el interior del poblado mahorero de Zonzamas, en Tyterogaka (Lanzarote), verano de 1402. La escena está narrada desde la perspectiva de la comunidad maho: personas de todas las edades y géneros —hombres, mujeres, personas mayores, niños y niñas— vestidas con ropillas de piel de carnero con mangas hasta el codo, calzones hasta la rodilla y piernas cubiertas con otra piel hasta el tobillo, calzando mahos —sandalias de cuero de cabra con el pelo hacia afuera— y portando collares de conchas, huesos y piedras pulidas. Algunas personas deliberan en grupo, otras observan en tensión el horizonte sur. Hay cabras pastando entre las estructuras. El poblado se organiza en torno a un núcleo central rodeado por una muralla perimetral de bloques ciclópeos de basalto negro, algunos de más de mil kilos. Dentro del recinto, cinco conjuntos de construcciones semisubterráneas de piedra volcánica seca, sin argamasa: algunas de planta circular u oval, otras rectangular, agrupadas en estancias contiguas. Los muros emergen apenas sobre el nivel del suelo —la mitad de cada habitación está excavada bajo tierra— para mitigar el viento constante. Las puertas son estrechas, de altura justa para el paso de una persona, orientadas al sureste, con una pequeña escalera de piedra que desciende al interior. Los techos son de lajas basálticas en cúpula o de ramas y troncos recubiertos de tierra local apisonada —tegue— que fragua impermeable. Los paramentos interiores aparecen enlucidos en blanco Ver mais