HabĂa una vez un chico que se llamaba Juan, y sus tres amigos que se llamaban JosĂ©, Luis, y Fernando estaban montando en sus bicicletas por un bosque que estaba lejos de sus casas. TenĂan solo ocho años. Pienso que deberĂamos volver a nuestros casas porque está cerca la noche. No quiero perdernos Pero nos estamos divirtiendo mucho, ÂżPor que quieres dejarlo ahora? Juan tiene razĂłn, pero estoy de acuerdo con Luis Yo pienso lo mismo. Quiero jugar al escondite. ¡Si, si! Pero es necesario que juguemos con cuidado AsĂ, los chicos jugaron por pocos minutos, pero cuando Juan estaba escondiendo, se dio cuenta de que se perdiĂł. “¡JosĂ©! ¡Luis! ¡Fernando! ÂżAlguien? gritĂł muy fuerta Juan “¡Por favor! ¡No estoy jugando, estoy serio!” DespuĂ©s de mucho tiempo de gritar, Juan pensaba que sus amigos se fueron. ¡Ay no! ÂżPor que soy yo? ÂżQuĂ© harĂ©? Se sentĂa muy triste por eso. EmpezĂł pensar de su familia. ÂżY mi familia? Nunca podrĂ© verlos. Mi mamá, mi papá, mis hermanos, ¡No, no, no! ¡Nunca! Espero un momento, ¡tengo una idea! En este momento se dio cuenta de que tenĂa su telĂ©fono, y ese momento se sentĂa muy allegre y aliviado para tenerlo siempre. “Ojala que lo funcione” Ă©l dijo. Pero sus esperanzas fueron muy cortas porque su telĂ©fono perdio su baterĂa Ese momento rompiĂł Juan. De repente, empezĂł a llorar, y pocos minutos despuĂ©s, comenzĂł llover. Juan llorĂł mucho. Él casi perdio la esperanza, pero de repente, el vio alguien. “¿Quien es? ¡La policia! SĂ, sĂ, sĂ, ¡Aqui!” gritĂł Juan con feliz. Voir plus