Amadeo, Alexis, Galileo y Roman tenían expresiones de estupefacción mientras contemplaban a la majestuosa criatura tendida sobre la tierra carbonizada. Su pelaje brillaba con iridiscentes tonos de amatista intenso y Violeta crepuscular, denso y brillante como seda fundida. Por un instante, la loba permaneció tan quieta que temieron lo peor, hasta que un suave gemido escapó de sus labios, bajo y doloroso. Entonces se movió, y fue entonces cuando lo vieron. Alas. Voir plus