AUTOMATIC FOR THE PEOPLE Una vez me regalaron un auto que funcionaba con comida. Era genial: le metías unos cacahuetes en el depósito y podías conducir hasta Ciudad de México. Pero eso solo al principio, porque poco a poco el güey se fue aburguesando y ya solo aceptaba ostras, caviar y jamón ibérico. Al final hasta se iba de parranda, volvía de madrugada y al día siguiente no quería levantarse para llevarme al trabajo. Era insoportable. Nadie iba a comprar un monstruo así, así que, cuando ya había decidido llevarlo al desguace, ocurrió un milagro. No estaba. Mi esposa tampoco. Se habían ido juntos. Me habían traicionado. En el fondo no fue tan malo. Ya me he acostumbrado a la vida de soltero en bicicleta. See more