El Mono y el Espejo Digital En el año 2157, en la megaciudad de NeoSelva —una urbe de rascacielos cubiertos de enredaderas sintéticas y ríos de luz neón— vivía un mono biónico llamado T1TO. Era ágil, inteligente y tenía implantes neurales de última generación, pero cargaba con un defecto que ningún chip podía corregir: una vanidad descomunal. Un día, mientras exploraba los niveles inferiores de la ciudad, T1TO encontró abandonado un Espejo de Realidad Aumentada, un dispositivo experimental que proyectaba una versión mejorada y embellecida de quien se mirara en él. Filtros perfectos. Luz ideal. Sin imperfecciones. —Por los circuitos de la galaxia —murmuró T1TO, tocando su propio rostro y luego mirando el reflejo pulido y glorioso que le devolvía la pantalla—. Este soy yo. El mono más extraordinario del universo conocido. Desde ese momento, T1TO creó un perfil en MirrorNet, la red social del futuro, y comenzó a transmitir su reflejo en vivo las veinticuatro horas. Los seguidores llegaron por millones. Hologramas de fans llenaban su apartamento. Las marcas de nanotrajes y cápsulas de nutrición Premium le enviaban ofertas. Pero T1TO no veía a sus seguidores. Solo se veía a sí mismo. Dejó de asistir a su trabajo en la Estación Orbital. Canceló los encuentros con su amiga GUAKA-7, una guacamaya con alas de dron que siempre lo invitaba a explorar los satélites abandonados. Ignoró los mensajes de su compañero ELE-F4N, un elefante robótico de voz pausada y consejo sabio. —T1TO, hay Mehr sehen