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A group of young people working on a rusty old car in a dusty workshop under a banner that reads 'RESUELVE PROBLEMAS'.

A group of young people working on a rusty old car in a dusty workshop under a banner that reads 'RESUELVE PROBLEMAS'.

En el Instituto Casina Muñoz, un lugar más conocido por sus exámenes sorpresa que por sus actividades extracurriculares, nadie imaginaba que acabaría naciendo uno de los equipos de carreras más peculiares de la ciudad. Todo empezó el primer año lectivo, casi por accidente. Marcos, un estudiante obsesionado con la mecánica, encontró un viejo coche abandonado en el taller de tecnología. Convenció a Lucía, que destacaba en dibujo técnico, y a Dani, que tenía una habilidad casi sospechosa para “conseguir” piezas baratas, de restaurarla. Al principio solo querían que arrancase. Pero cuando lo lograron, sintieron algo distinto: velocidad, control… y una idea. —¿Y si diseñamos un coche de carreras? —dijo Marcos. El segundo año, el grupo aumento. Se unieron Carla, experta en física, y Hugo, que aunque no sabía nada de motores, tenía reflejos increíbles. Convirtieron el viejo coche en un prototipo más serio y empezaron a participar en pequeñas carreras locales, casi siempre perdiendo… pero aprendiendo. No tenían patrocinadores, ni equipamiento profesional. Solo tenían el taller del instituto, que el conserje les abría a escondidas por las tardes, y una determinación que empezaba a llamar la atención.El tercer año fue el más duro. Un choque en una carrera dejó el coche destrozado y a Hugo con una lesión leve. Durante semanas, el equipo dudó si continuar. Fue entonces cuando Lucía propuso algo distinto: —No solo somos un equipo de carreras. Somos un equipo que resuelve problemas. Mehr sehen